La trampa del tiempo

La mente del hombre está atrapada en la idea de tiempo. Identificada con una sucesión lineal de instantes que van del pasado al futuro, concibe la existencia como un viaje sin retorno que transcurre entre recuerdos de lo que fue y expectativas de lo que podrá ser. Ajena al hecho de que pasado y futuro no son más que construcciones mentales, vive prisionera de esa ilusión temporal sin advertir que sólo dispone de un tiempo real: el ahora fugaz e irrepetible.

Embebido en esa trampa conceptual, rara vez considera que su experiencia del tiempo depende por entero de su modo de pensarla. Opta por dar por sentada una noción heredada sin examinar su validez, condenándose a vivir perdido entre añoranzas estériles y esperanzas sin fundamento, incapaz de habitar el instante que siempre posee.

Aquellos pocos que logran liberarse de la trampa del tiempo descubren una realidad intemporal más allá de la sucesión ilusoria de instantes. Al dejar de perderse en un pasado irrecuperable y un porvenir incierto aprenden a vivir plenamente el ahora, único tiempo real de que disponen. En ese despertar al momento presente advierten con asombro que ni pasado ni futuro tienen poder alguno frente a la absoluta actualidad de lo que es en este preciso instante.

Trasladarse del tiempo conceptual a la atemporalidad del ahora no multiplica los días pero transforma desde su raíz la experiencia de vivirlos. Permite advertir que la eternidad habita el segundo más efímero cuando se vive enteramente. Al dejar de buscar en otra parte lo que solo puede hallarse en el presente, accede por fin al descubrimiento mágico de una quietud sin límites, de un gozo que nada pide a cambio...reservado tan sólo para quien aprende a morir en este instante al tiempo que fue para renacer sin huellas en el ahora sin fin que nada teme ni espera, inmóvil siempre aunque todo cambie.