El sueño de la individualidad
La mente del hombre está embebida en la ilusión de una individualidad separada. Identificada con la idea de un "yo" aislado, concibe la existencia como la historia de una entidad independiente que ha de abrirse camino en un universo que le es ajeno. Ajena al hecho de que ese sentimiento de separación no es más que una construcción mental, vive encapsulada en esa ilusión de soledad esencial sin advertir que su verdadera naturaleza trasciende por completo el concepto de individualidad.
Envuelto en esa trampa de ilusión, rara vez considera que su experiencia de sí mismo depende enteramente de cómo elige pensarse. Opta por dar por sentado un modo de auto-comprensión heredado sin examinar su validez, condenándose a vivir aislado en la celda de su propia autopercepción y de los anhelos que de ella surgen. Incapaz de reconocerse en el otro, malgasta sus días buscando en esa escisión irreal entre uno y todo lo demás una plenitud que sólo existe más allá de fronteras mentales.
Aquellos pocos que logran despertar del sueño de la individualidad descubren su unidad indisoluble con todo cuanto existe. Al advertir que uno es el todo y el todo es uno experimentan la dicha completa reservada para quien nada teme porque nada le es ajeno. Al trascender la ilusión de una identidad aislada y limitada accede a un modo de consciencia omnímoda, libre de los anhelos de un "yo" imaginario. Sólo entonces, al morir a la idea del "yo", tiene ocasión de descubrir con asombro su verdadera naturaleza, ilimitada como el espacio, imperturbable como las montañas, eterna.
Liberarse de la individualidad no exige renunciar a sus particularidades únicas sino rendirse a la unidad subyacente que las trasciende. Permite fluir espontáneamente desde un centro compartido por todo cuanto existe, sintiéndose una y la misma vida en lo múltiple...
Un profundo misterio que revela gozoso el secreto último: no hay "otro" porque jamás hemos dejado de ser uno.